Cuando se haya talado el último árbol, envenenado el último río y pescado el último pez, entonces comprenderás que el dinero no se come.

miércoles, enero 27, 2010

Una sobre alimentación: La edad de piedra en el siglo XXI

Gracias a Rafa por el enlace :) (Y te debo un e-mail)

Desde aquí

Cavernícolas en Nueva York
De Anna Grau (el 13/01/2010 a las 17:31:27, en NY sin complejos)

Ahora resulta que la última tribu urbana de moda en Nueva York son los paleo. Los paleo son los neoyorquinos de las cavernas. No viven literalmente en ellas sino en apartamentos de Manhattan (no siempre es fácil apreciar la diferencia a primera vista), hacen todo el ejercicio que la vida urbana les permite, andan mucho (Nueva York es la única ciudad norteamericana pensada para eso) y comen mayormente carne. Algunos se la comen incluso cruda, en la convicción de que toda elaboración posterior es un error histórico que viene de antiguo. Concretamente desde que la raza humana dejó de cazar para volverse sedentaria y agricultora (¡panda de vendidos!).

Los hay menos radicales, que recuerdan que después de todo el hombre de las cavernas tenía fuego para asar su almuerzo. Y que también comía frutas y verduras cuando se las encontraba. Pero incluso estos rechazan alimentos manufacturados como el pan, y tienden a atiborrarse de grandes cantidades de carne para después dejar pasar 24 o incluso 36 horas sin comer. Este era el período medio que el hombre paleolítico ayunaba entre cacería y cacería. Por supuesto no pican entre horas.

La pregunta para cualquier persona “normal” es obvia: y todo esto, ¿por qué? Mucha gente cree que cualquier tiempo pasado fue (a veces) mejor. Pero puestos a buscar el ideal poca gente elegiría un pasado tan lejano. Tan árido. Tan duro. Y sobre todo tan chocante en un sitio como Nueva York.

Los paleo creen que lo suyo es culto al cuerpo en estado puro. Consideran la entera civilización como un atentado contra el organismo. Miran con desprecio a la gente “normal”, a la que consideran floja y extremadamente vulnerable a cualquier mínima restricción dietética, cambio de temperatura, alteración del sueño, etc. Ellos se ven más salvajes y más fuertes. Menos corrompidos. Mejores.

El movimiento tiene sus seguidores desde hace tiempo (bien es verdad que casi siempre en ámbitos más rurales y bucólicos). De la ancestral dieta carnívora se afirma que es mano de santo contra según qué enfermedades. John Durant, el primero por la izquierda de la foto aparecida en The New York Times que aquí reproducimos, coquetea incluso con la idea de abrir en Nueva York un restaurante paleo. Para quien quiera sentirse cavernícola por una noche.

En contra hay quien tiene la inquietud de si el movimiento paleo no coquetea un poco con el machismo más rancio, como si fuese la dieta de Charlton Heston. Entre los cavernícolas neoyorquinos sólo figura por ahora una mujer, Melissa McEwen. Es la morena interesante y con gafas de la foto. Hay que decir que no se la ve muy agobiada. Pocas mujeres en Nueva York tendrán tanta carne fresca para ella sola.

Otra contraindicación del movimiento paleo es que el hombre de las cavernas iba como una moto pero sólo hasta los treinta años, que es lo máximo que en general vivía. No tenía que preocuparse de diversificar su dieta ni de complementarla con antioxidantes porque, para lo que le quedaba en el convento...

------------------------------------

Más links relacionados:

Del New York Times

The Cell Real Fitness

------------------------------------

En fin...Que cada uno coma lo que realmente quiera...O pueda.

Ya hablaremos algún día del crudivorismo :)

2 comentarios:

Periana y Pedanías dijo...

Entonces no necesitan aprender a cocinar...je je...

Mariví dijo...

Esto me suena a patataleo monumental de esta gente. Vamos, para llamar la atención. La verdad es que cuanto más mayor me hago menos me gusta la carne. Bueno, y tienen una cara de felicidad que ... nada, ahora mismo me afilio.