Querida Venus de Milo, querida Afrodita:
Hace casi doce años te prometí que volvería, que haría justicia a tu belleza volviendo a contemplarte -sin prisas- sin saber ni cuándo ni con qué ocasión.
Te pedí que no te movieras.
Si no recuerdo mal, sí que lo has hecho. He podido encontrarte de todas maneras.
Y hoy, casi doce años después, te doy las gracias por iluminarme sin pedirme nada a cambio.

Belleza. Sin más.
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